jueves, 11 de febrero de 2010

Adiós a un grande del periodismo argentino

Ayer falleció el periodista Eduardo Kimel.

La Justicia lo había condenado en 1991 a un año de prisión en suspenso, por cuestionar la actuación de un juez en la "Masacre de San Patricio". Su caso llegó a la OEA, que ordenó adecuar la legislación. El Congreso convirtió en ley la modificación a finales del año pasado.

Durante casi dos décadas motorizó un reclamo clave para la libertad de prensa. El reconocimiento llegó a tiempo, con la sobria satisfacción que dan las misiones cumplidas.

Kimel se desempeñaba como editor responsable en la agencia alemana DPA. Su lucha judicial fue clave para que se convirtiera en ley en noviembre pasado la eliminación de los delitos de injurias y calumnias en casos de interés público, tal como reclamaba un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

De vasta trayectoria profesional, su caso sentó precedente después de que en 1991 fuera condenado a un año de prisión en suspenso y al pago de una indemnización de 20.000 pesos (por entonces igual a dólares) como culpable de "injuria y calumnia" por cuestionar la actuación de un juez en su libro "La masacre de San Patricio".

El libro, publicado en 1989, abordaba el asesinato de tres sacerdotes palotinos y dos seminaristas durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). El texto se tradujo asimismo en un documental titulado "4 de julio: La masacre de San Patricio".

La valentía por hacer pública la verdad, le significó muchos años de injusticias y sufrimiento. Pero a largo plazo, y en vida logró el reconocimiento legal y judicial del derecho a la libertad de prensa.

Paradógicamente, tenemos una nueva ley de medios que amordaza los medios masivos de comunicación. Nos toca hoy a nosotros, luchar por la libertad, siguiendo el ejemplo de este buen hombre.

La historia continua mostrando las grandes contradicciones de nuestro ser nacional, donde la lucha por la cordura y la justicia son permanentes frente a los arrebatos de la soberbia y el autoritarismo de nuestros gobernantes.

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