
Cuando nuestro padre nos ama e infunde ese amor en todos sus actos diarios, vivimos en un estado de felicidad permanente.
Nuestro padre nos cuida, nos asiste, nos provee de lo que necesitamos y hasta de lo que deseamos disfrutar sin necesidad.
Ese amor nos aleja de todos los temores y riesgos. Nos reconforta y nos anima.
Cuando tenemos la gracia de Dios de tener un padre amoroso, tenemos el regalo de vivir aquí en la tierra una cuota - tipo muestra gratis - de lo que es la felicidad eterna.
Por eso es tan importante permitirle al hombre ser un buen padre. Lo que él le brinda a su hijo es muy diferente de lo que le da la madre.
Si las madres supieran el daño que le hacen a sus hijos al cuestionar la integridad y el amor que le tiene el padre, jamás lo harían.
Que la gracia de Dios ilumine la maternidad de todas las mujeres, para que sepan respetar y compartir su estado familiar con el padre de sus hijos. Solo así la felicidad es plena y duradera.
Y los hijos amamantados con ese amor, tendrán la fortaleza de transitar esta vida, sabiendo cual es el camino para llegar a la Patria Celestial.
Dios bendiga a mi padre Domingo, que es para mi el Cielo en la tierra.
Dios bendiga a mi padre Domingo, que es para mi el Cielo en la tierra.
Hola Edit!
ResponderEliminarGracias x ser "seguidora" de mi blog sobre Alemania :)
Muy buenos tus dos blogs! Un abrazo fuerte!